9/8/11

Ensaladera de Frutas

Donde pocos trabajan pero todos disfrutan.

Era un viernes como cualquier otro sexto día de la semana se celebraba un evento, el grado del mamoncillo, todos los integrantes de la ensaladera estaban invitados al remate de dicho evento, el mamoncillo tiene su rosado con un frutica pequeñita y gordita y su hermano el limón, el evento fue todo un éxito lagrimas por aquí lagrimas por todo el lado, llegaron la frutica, el mamoncillo y el limón al lugar de encuentro donde habían quedado de encontrarse todas las frutas, exactamente en “casa Inca”.

Hubo comida, trago frutas masculinas y femeninas mejor dicho todo lo esencial para hacer una buena reunión, ese grupo bebe mucho, fueron 7 las botellas de aguardiente que se tomaron, fueron llegando fruta por fruta, el banano con la sandía, el banano le quiere hacer la vuelta a la sandía pero ella no quiere, a veces aburre ver a esas dos frutas, 5 minutos después apareció la uva, esta uva es especial porque se enoja y mucho, de las 24 horas del día mantiene enojada 18 porque las otras 6 la bella y brava uva duerme.

Después llego el coco en su coconeta con una decoración en su cabeza que solo a él y pocos les gustaba, le dicen coco porque a todas les tira y a ninguna le pega, tiempo después llego la naranja una fruta nueva pero bien, eso sí es bien redonda, poco a poco iban arrimando las ultimas frutas, la guayaba con su acompañante la manzana, la guayaba es peor bien guayaba es más rosada que el romance de la frutica y el mamoncillo y su acompañante ese día estaba de metida, la frutica pequeñita y gordita llevo otra fruta que era un poco más grande que ella pero más podrida y más larga.

La rumba vivía. Tragos, risas y lágrimas iban y venían pero las frutas la seguían pasando bien y con ropa. Salsa, merengue, vallenato y muchas melodías más sonaban y nos hacían pasar una buena noche, pero faltaba la fresa que arrimo de la nada y no se iba a demorar pero con esa gente puede pasar lo que sea, y así fue respectivamente arrimó y se demoró.

Ya poco a poco mientras unas frutas se emborrachaban otras simplemente se iban y otra terminaba de pasar una mala noche, se fue y cuando retorno llego pelada por un perro, unas frutas se emborrachan otras aprovechaban y otras simplemente cuidaban, finalmente quedaron las mismas 2 y/o 3 frutas a la espera de más alcohol pero este no llego pero el que si llego fue un sentimiento que hasta hoy no se cual es.

Alex Garzón

Ella Y Él

Él sabía que eso no estaba bien. Ella no entendió lo que él sentía. Ellos pensaron que las palabras sobraban, pero ese era el momento en el que más debían haber hablado. Tenían el mismo problema que la mayoría de las personas, prefirieron sentir a pensar. Ambos ignoraron las señales de Peligro y solo sintieron el presente, las chispas que parecían encenderse entre ellos cuando se tomaban la mano. No hablaron. No pensaron. Solo sintieron.

Él sabía de debía parar lo que estaba pasando. Ella solo tenía una corazonada, un mal presentimiento. Pero en ese momento nada parecía importar para ellos, pues las consecuencias se veían lejanas y parecían valer la pena. ¿Que por qué ignoraron lo que sabían? ¿Por qué prefirieron pensar que nada pasaría? Porque tenían esperanza, y soñaron con lo que solo los ángeles tienen derecho a soñar. Decidieron creer que en la vida existía la posibilidad de un final feliz, y lo peor, creyeron que podía ser para ellos.

Dos semanas le tomó a él decidirse a hacer lo que era mejor para los dos, y cuando por fin reunió el valor y se creyó lo suficientemente fuerte para pronunciar las palabras que a ambos les rompería el corazón, la miró fijo a los ojos... y toda la fuerza pareció desvanecer. Miró la inocencia de sus ojos, esos ojos tiernos que le partieron el alma en dos y no le quedó más remedio que abrazarla. Ella entendió que algo no andaba bien, pero se perdió en su abrazo y no dijo nada, para ella fue la noche en la que encajó perfectamente en sus brazos.

No hubo necesidad de palabras, ella sabía qué ocurría y aunque todo le parecía un gran error, sentía que nada de eso estaba mal. Y en su abrazo, dejó derramar una lágrima sin que él se diera cuenta. Había tanto por hablar y aunque su corazón sabía exactamente lo que quería decir, las palabras parecían desordenarse en su cabeza y atorarse en su garganta, dejando solo el sonido del llanto.

En ese momento, ya era tarde y sobraban las palabras. El otro gran problema de las personas; callan cuando deben hablar y hablan cuando deben callar. El habló, y mintió. Ella lo supo y sufrió.

Sara Echeverry

La Lotería

Afectado por los tragos ingeridos la noche anterior, los ojos rojos y las sudorosas manos de Oscar tiemblan mientras sujeta el periódico que por casualidad vio en la puerta de su hogar aquel caluroso 7 de junio.

No había error, ¡no podía existir equivocación alguna! 01 86 94 22. Ese, ese era el número del boleto de lotería comprado ayer por Oscar en la tienda del viejo ‘Rubencho’.

Oscar Juárez, tipo barbado, obeso y de sencilla contextura mental, no podía creerlo. Siempre había querido salir de su miseria por medio del azar y parecía haberlo conseguido. Cerró los ojos y pensó en lo que el destino le deparaba: primero falsificaría papeles para ser una persona libre de líos judiciales, viviría en uno de los barrios más lujosos de la capital, ó hasta incluso de Madrid, París o Praga.

Nunca más pasaría hambre, jamás volvería a pedir rebaja en el transporte público y cada día, miraría al cielo mientras se asolea en una lujosa piscina, bebiendo su amado licor en compañía de las más bellas mujeres.

Con una sonrisa que dejaba al descubierto unos dientes tan amarillentos como el sol de medio día, ‘Oscarito’ como le decían sus amigos se dispuso a salir de casa para cobrar su botín.

Se duchó rápidamente, se puso la primer camisa que encontró… finalmente se acercó a abrir la descuidada puerta de su hogar, sin embargo, aguardó en silencio ya que ¿Quién además de él sabía lo de su triunfo?, ¿Quién en este mismo instante habría visto el periódico y estaría planeando quitarle su fortuna?

Gotas de sudor corrieron por su frente, tragó saliva y recordó entre lagunas lo ocurrido el día anterior:

Tras vagar una semana entera y pasársela de casa ajena en casa ajena, arribó a la tienda de ‘Rubencho’ para comprar cigarros. Entró, no obstante, su tufo combinado con su deprimente aspecto, terminó por espantar la poca clientela.

Acercándose lentamente a ‘Rubencho’ le pidió lo de siempre, la caja de Malboro de cada miércoles, además de consultar qué billetes de lotería estaban a su disposición.

- ¡Ah! Siempre tengo la puta mala suerte de escoger uno que no gana ni mierda.

- Fresco papi, algún día de tanto intentar le pega al premio gordo- dijo su amigo, el dueño de la tienda.

- ‘Oscarito’ comprá el 01 86 94 22, ese seguro te sale- dijo el ‘Patingas’, un borrachín amigo de Oscar que estaba en la esquina escuchando la conversación.

Recordando este pequeño detalle, nuestro personaje quedó pálido. ¿Sabrían ya el ‘Patingas’ y ‘Rubencho del multimillonario éxito de Oscar?

En la mente de este individuo, solo quedaban los rostros de sus compadres. Siempre había pensado que los ojos “achinados” del ‘Patingas’ eran de alguien malicioso y ‘Rubencho’ siempre le había parecido avaro”.

Atemorizado por pensar que el palacio de ilusiones construido hace poco podía derrumbarse, tomó su revólver y se dirigió a la tienda.

Camino algunas cuadras bajo un calor abrumador y cuando llegó a la tienda todo era perfecto, Sin clientes por atender, ‘Rubencho’ y ‘Patingas’ jugaban parqués en una de las mesas.

Oscar llegó y al verlo, ‘Patingas’ exclamó:

- ‘Oscarito’ mijo, llevo tres partidas sin ganarle a este zorro del Rubencho, definitivamente aquí el de la suerte es usted.

“Aquí el de la suerte es usted”. En cuestión de segundos, esta frase retumbó y retumbó en la mente de Oscar hasta hacer eco en su cerebro… Contrariado por la situación, apretó los dientes, sacó el arma y propinó dos disparos letales a cada uno de sus amigos.

Al ver la sangre correr sobre los asientos y el piso sucio de aquella tienda, nuestro personaje salió angustiosamente del establecimiento, como si tuviera un rollo de dinero incrustado dentro de su garganta.

Llegó nuevamente a su casa y estalló en alaridos. No se podía saber con certeza si sus gritos eran de dolor o alegría.

Tras unos minutos, logró calmarse y recordó que al salir de la tienda, su vecina se había quedado mirándole misteriosamente. Inmediatamente pensó ¿Será que esta víbora se dio cuenta de algo?

Tras un corto rato de reflexión, creyó que era mejor dejar a un lado ese asunto y empezar a pensar en grande con su nueva fortuna. Buscó nuevamente el periódico para enaltecer su ego y admirar su grandiosa suerte.

Lo encontró, lo miró nuevamente y aterrorizado, el frío empezó a recorrer todas las partes de su cuerpo. No había estado en su casa por una semana, ¡una semana!

Al tener en cuenta este inesperado hecho, se armó de valentía, tomó el revólver. Viéndose al espejo puso el arma sobre su ancha cabeza y…

Su paranoica ambición terminó por llevarlo a jugar nuevamente parqués con sus amigos ‘Rubencho’ y ‘Patingas’, pero esta vez en un lugar desconocido.

Su cuerpo calló ensangrentado, y sobre sus dedos llenos de sangre, se podía apreciar la fecha de aquel periódico… Domingo 5 de junio del 2011.

Daniel Molina