Afectado por los tragos ingeridos la noche anterior, los ojos rojos y las sudorosas manos de Oscar tiemblan mientras sujeta el periódico que por casualidad vio en la puerta de su hogar aquel caluroso 7 de junio.
No había error, ¡no podía existir equivocación alguna! 01 86 94 22. Ese, ese era el número del boleto de lotería comprado ayer por Oscar en la tienda del viejo ‘Rubencho’.
Oscar Juárez, tipo barbado, obeso y de sencilla contextura mental, no podía creerlo. Siempre había querido salir de su miseria por medio del azar y parecía haberlo conseguido. Cerró los ojos y pensó en lo que el destino le deparaba: primero falsificaría papeles para ser una persona libre de líos judiciales, viviría en uno de los barrios más lujosos de la capital, ó hasta incluso de Madrid, París o Praga.
Nunca más pasaría hambre, jamás volvería a pedir rebaja en el transporte público y cada día, miraría al cielo mientras se asolea en una lujosa piscina, bebiendo su amado licor en compañía de las más bellas mujeres.
Con una sonrisa que dejaba al descubierto unos dientes tan amarillentos como el sol de medio día, ‘Oscarito’ como le decían sus amigos se dispuso a salir de casa para cobrar su botín.
Se duchó rápidamente, se puso la primer camisa que encontró… finalmente se acercó a abrir la descuidada puerta de su hogar, sin embargo, aguardó en silencio ya que ¿Quién además de él sabía lo de su triunfo?, ¿Quién en este mismo instante habría visto el periódico y estaría planeando quitarle su fortuna?
Gotas de sudor corrieron por su frente, tragó saliva y recordó entre lagunas lo ocurrido el día anterior:
Tras vagar una semana entera y pasársela de casa ajena en casa ajena, arribó a la tienda de ‘Rubencho’ para comprar cigarros. Entró, no obstante, su tufo combinado con su deprimente aspecto, terminó por espantar la poca clientela.
Acercándose lentamente a ‘Rubencho’ le pidió lo de siempre, la caja de Malboro de cada miércoles, además de consultar qué billetes de lotería estaban a su disposición.
- ¡Ah! Siempre tengo la puta mala suerte de escoger uno que no gana ni mierda.
- Fresco papi, algún día de tanto intentar le pega al premio gordo- dijo su amigo, el dueño de la tienda.
- ‘Oscarito’ comprá el 01 86 94 22, ese seguro te sale- dijo el ‘Patingas’, un borrachín amigo de Oscar que estaba en la esquina escuchando la conversación.
Recordando este pequeño detalle, nuestro personaje quedó pálido. ¿Sabrían ya el ‘Patingas’ y ‘Rubencho del multimillonario éxito de Oscar?
En la mente de este individuo, solo quedaban los rostros de sus compadres. Siempre había pensado que los ojos “achinados” del ‘Patingas’ eran de alguien malicioso y ‘Rubencho’ siempre le había parecido avaro”.
Atemorizado por pensar que el palacio de ilusiones construido hace poco podía derrumbarse, tomó su revólver y se dirigió a la tienda.
Camino algunas cuadras bajo un calor abrumador y cuando llegó a la tienda todo era perfecto, Sin clientes por atender, ‘Rubencho’ y ‘Patingas’ jugaban parqués en una de las mesas.
Oscar llegó y al verlo, ‘Patingas’ exclamó:
- ‘Oscarito’ mijo, llevo tres partidas sin ganarle a este zorro del Rubencho, definitivamente aquí el de la suerte es usted.
“Aquí el de la suerte es usted”. En cuestión de segundos, esta frase retumbó y retumbó en la mente de Oscar hasta hacer eco en su cerebro… Contrariado por la situación, apretó los dientes, sacó el arma y propinó dos disparos letales a cada uno de sus amigos.
Al ver la sangre correr sobre los asientos y el piso sucio de aquella tienda, nuestro personaje salió angustiosamente del establecimiento, como si tuviera un rollo de dinero incrustado dentro de su garganta.
Llegó nuevamente a su casa y estalló en alaridos. No se podía saber con certeza si sus gritos eran de dolor o alegría.
Tras unos minutos, logró calmarse y recordó que al salir de la tienda, su vecina se había quedado mirándole misteriosamente. Inmediatamente pensó ¿Será que esta víbora se dio cuenta de algo?
Tras un corto rato de reflexión, creyó que era mejor dejar a un lado ese asunto y empezar a pensar en grande con su nueva fortuna. Buscó nuevamente el periódico para enaltecer su ego y admirar su grandiosa suerte.
Lo encontró, lo miró nuevamente y aterrorizado, el frío empezó a recorrer todas las partes de su cuerpo. No había estado en su casa por una semana, ¡una semana!
Al tener en cuenta este inesperado hecho, se armó de valentía, tomó el revólver. Viéndose al espejo puso el arma sobre su ancha cabeza y…
Su paranoica ambición terminó por llevarlo a jugar nuevamente parqués con sus amigos ‘Rubencho’ y ‘Patingas’, pero esta vez en un lugar desconocido.
Su cuerpo calló ensangrentado, y sobre sus dedos llenos de sangre, se podía apreciar la fecha de aquel periódico… Domingo 5 de junio del 2011.