La cosa dice así:
Él, en su computador, su maquina de sueños, el destarlado, como lo llamaba, se sentaba todas las noches a dibujar con letras, el cuerpo de su amada, su pelo, ondulado, muy rebelde para su gusto, pero los demás, hermoso.
Contemplando sus escrito en el que hablaba de la mujer ideal, de la mujer perfecta para él, se dio cuenta que su texto, no era nada más que una petición, para que su amada, cambiara esa forma de ser, única, irreversible, irreverente y para algunos, odiosa.
En su cabeza las ideas bailaban de placer al enterarse que debía cambiar el texto, un texto, en limpio y hermoso para su amada. Pensó en las múltiples manera de hacerlo, empezó por la descripción de lo que para el era el amor, siguió por desglosar el cuerpo de su amada, en letras (las mayúsculas eran sus partes intimas).
Todo iba bien, el texto era perfecto, pero él no quería poner lo que esperaba de una mujer y su idea se sustentaba en la canción Yo no soy esa mujer de Paulina Rubio, se la escuchó una vez a su hermana, una tarde que estaba peleando con el novio. La cosa se complicó cuando la llamó para saber cómo estaba y escuchó esa misma canción, al colgar, miró su texto y no tenía fin ni conclusión, era inerte sin eso.
Hoy, revisa entre sus correos y se siente satisfecho cuando, en su bandeja de salida, ve su texto y el correo de su amada.
El texto en el final decía así: "Te conocí en una ráfaga de la vida, y así de te definí como alguien que quiere ser libre, así es que Te Amo, mi ráfaga, mi aurora, mi universo, eres el puedo y mi quiero. Ojala sigas siendo tú, tan libre, tan elegante, tan tú."